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La salud, conforme la definición de la Organización Mundial de la Salud, es un "equilibrio ordenado de cuerpo-mente-espíritu" que afecta a la salud del individuo, en su relación con el resto y en su capacidad para participar en la comunidad. Se han empleado distintos enfoques para definir la salud. Estos enfoques incluyen el examen físico de una persona y su entorno; los tratamientos médicos basados en el diagnóstico y las recomendaciones de un equipo de atención sanitaria; y los tratamientos psicosociales, como el asesoramiento y la terapia. La meta de la salud es mantenerla, retrasar la progresión de la enfermedad, prevenirla y progresar la calidad de vida del individuo, la familia, la comunidad y la sociedad.

La salud mental incluye la capacidad de afrontar las situaciones cotidianas, como las interacciones con uno mismo y con otras personas. Abarca la capacidad de ser feliz, la sensación de logro y la capacidad de tomar buenas resoluciones en diferentes circunstancias. La salud mental asimismo engloba la capacidad de una persona para participar en actividades productivas como la carrera, la educación y el trabajo. En la salud mental influyen tanto los genes como los factores sociales. Ciertas pruebas sugieren que la genética puede desempeñar un papel en la etiología de ciertas enfermedades sicológicas. De igual forma, factores ambientales como la mala salud, la violencia y la carencia de apoyo social pueden contribuir a la etiología de ciertas enfermedades mentales. Con muchos tipos de productos sanitarios vendidos por diversos fabricantes a lo largo de los años, es importante entender la diferencia entre salud y seguridad. Los productos sanitarios que hacen afirmaciones falsas y ilusorias para evitar, curar o tratar el CO VID 19 no merecen ser usados. Por otro lado, los productos sanitarios con fuertes propiedades desinfectantes para matar bacterias y virus son una forma válida y necesaria de producto sanitario. ¿Cuál es la diferencia?